Screenagers: Lessons in Chaos from Digital Kids
Por Viridiana Tinoco
Reseña crítica presentada para la clase de Tecnologías de la Comunicación y Sociedad
Parece que el mundo se ha vuelto loco. Hoy día vivimos una realidad que está dibujada por el caos en todas sus formas de expresión: tráfico, calentamiento global, guerra nuclear, mutaciones, enfermedades de transmisión sexual, drogas, consumismo en su máxima expresión, delincuencia, pornografía, ajustes de cuentas, pobreza, corrupción y muchos otros indicadores de que el mundo está llegando a una crisis que parece no encontrar límites. Como principal consecuencia de esta visión del mundo en decadencia, los adultos parecen estar en una constante búsqueda de una estrategia que les permita adaptarse a un mundo al que temen y parecen no entender. No obstante, la solución parece no estar muy alejada de nosotros; ya que la estrategia de adaptación propia de este nuevo milenio está en los niños que nacieron en un mundo electrónicamente mediado por las computadoras y la televisión, y que el autor denomina: Screenagers.
Los niños de este nuevo milenio, o bien, aquellos que Lorenzo Vilches llama nativos digitales son los más capacitados para brindar respuestas a las incertidumbres asociadas al colapso de una cultura en la que hemos crecido y hemos aprendido a amar. Los niños son más jóvenes y menos experimentados, pero son los que tienen menos riesgo de volverse obsoletos; son el último modelo de ser humano y vienen equipados con las más nuevas características. Ellos no son vulnerables a los cambios del mundo, sino que aceptan los cambios culturales como parte del proceso de evolución en el que estamos inmersos. Por esta razón, mirar a los niños de hoy no es mirar al pasado, sino mirar hacia el futuro; pues ellos son nuestra evolución.
Ahora bien, los inmigrantes digitales (los adultos) parecen no encontrar sentido al caos en el que viven sus hijos, pues ellos han aprendido a vivir con él e incluso han encontrado una identidad e individualidad que los adultos aún no logran. Los adultos se sienten amenazados por lo diferente que son sus hijos ahora, ya que ellos interactúan con el mundo de una manera completamente diferente a la de sus abuelos o sus padres. En este sentido, es muy común encontrar a personas que temen a la manera en que nuestro mundo cambia día a día y por ende, han perdido su sentido de dirección. En esta lucha constante por sobrevivir en un mundo que no conocen, los inmigrantes digitales han desarrollado herramientas e ideas que les permitan preservar su sentido de identidad: armas, ideologías duales, ciencias reduccionistas y un pensamiento lineal han ayudado a los adultos a sentir que no se han vuelto obsoletos, sino que permanecen a pesar de los intensos cambios culturales, sociales, políticos y tecnológicos de esta era. Pero la realidad es que no son los niños quienes deben de crecer, sino los adultos que aún no se adaptan a su entorno.
De esta manera, con el panorama de un mundo en constante cambio, Douglas Rushkoff nos lleva a través de seis capítulos y diversos ejemplos del mundo actual a entender por qué los niños son el futuro. En los capítulos se va desarrollando la caída del pensamiento lineal, de la dualidad, del mecanismo, de la gravedad, de la metáfora y de Dios; para presenciar el ascenso del caos, del enfoque holístico, del animismo, de la alucinación consensual, la recapitulación y la naturaleza respectivamente. De manera general, el libro reafirma que los niños son aquello en lo que debemos de convertirnos y tal como Rushkoff lo expresa:
“Por favor suspendamos nuestra función (la de los adultos) como roles modelo y educadores de nuestra joven nación. En lugar de enfocarnos en nosotros mismos, como adultos, demos forma a las actividades de nuestros hijos para su mejor desarrollo, apreciemos las habilidades naturales de adaptación demostradas por nuestros hijos y busquemos en ellos la respuesta a algunos de nuestros problemas (…) Ellos son, ahora, la cosa en la que nosotros debemos de convertirnos” (Rushkoff, 2006:14)